5 frases míticas de las madres a la hora de la comida

Cocinar es un gesto de amor, al que nuestras madres le han dedicado mucho tiempo y esmero. Una forma no sólo de hacernos crecer fuertes y sanos cuando somos niños. También, una forma de demostrar el gran amor que tienen por sus hijos. No es hasta que nos toca sacarnos solos las castañas del fuego que nos damos cuenta de todo el esfuerzo o dedicación que cocinar requiere: Pensar el menú, comprar los alimentos (y que no te falte ninguno), preparar la comida… Han pasado horas y horas en la cocina; Por eso, no es de extrañar que en el momento de sentarnos a la mesa tuvieran ciertas expectativas que no siempre se veían cumplidas, especialmente cuando estábamos ante un plato de espinacas. Momento en el que recurrían a fórmulas populares para conseguir sus objetivos. Entre otros, que nos acabáramos el plato de acelgas o nos bebiéramos el zumo antes de que se le fueran la vitaminas.
"- ¿Mamá que hay de comer? - Comida", “come y calla”, "cómete lo que hay que esto no es un restaurante"… Las madres, como su amor y sus retaílas y son infinitas. Por eso, en su día y con mucho amor le dedicamos este artículo que esperamos que os guste. Aquí van algunas de las frases más recurrentes que las madres dicen a la hora de comer:
Lentejas si quieres las comes y si no las dejas

Una forma pasivo agresiva de decir "es lo que hay y punto". O te las comes o no hay alternativa. Las lentejas es uno de esos platos que inexplicablemente nos cuesta comer de niños y que al crecer nos encanta. Volver del cole y tener que enfrentarnos ante un plato de lentejas parecía, para la mayoría de los críos, un castigo. Así que seguramente esta frase, que se ha vuelto mítica, la habrás escuchado en más de una ocasión Tanto que, probablemente a día de hoy, no seas capaz de decir la palabra "lentejas" sin añadir la coletilla que viene después. Es como un mantra que se ha fijado en nuestras cabeza :D
Si no te comes la verdura, la tendrás para la merienda y si no para la cena

De pequeños lo que nos preocupaba es que la comida estuviera rica. Poco, o nada, nos interesaba si el puerro tenía muchas propiedades nutricionales o si el brócoli era bueno para fortalecer nuestros huesos. Así que cuando nos encontrábamos ante un plato de verdura, poco atrayente en cortas edades, en un gesto de rebeldía espetábamos: “ yo no quiero comer verduras” a lo que nuestra madre replicaba: “pues es lo que hay, si no lo quieres ahora ya lo querrás más tarde" o "pues te lo comes en la merienda". Al final, no te quedaba otra que hacer un esfuerzo pensando en el bocata de nocilla que te esperaba a media tarde.
Si no tienes hambre para el pescado tampoco lo tendrás para el postre

Lógica aplastante a la que no podías replicar. Frases como éstas te hacen reflexionar sobre tu destino inmediato. Así que te planteas ¿Me voy a privar de mi helado de yogur y frambuesa por no comerme un rape a la gallega? En pocos segundos el dilema sobre el espacio libre en tu estómago estaba resuelto :)
Come espinacas para ponerte tan fuerte como Popeye

Una verdura saludable, barata y fácil de preparar. Con esta propiedades poco nos extraña que las espinacas fueran de las preferidas por las madres (pero una de las más denostadas por los pequeños). Puede que por su aspecto poco atractivo o por su textura, los padres tenían que hacer esfuerzos titánicos para convencernos de lo necesaria que era su ingesta para nuestro crecimiento. Hacernos creer que seríamos tan fuertes como el personaje animado Popeye era su última baza para convencernos.
Tómate el zumo rápido que se le van la vitaminas

Durante mucho tiempo se ha creído que el zumo de naranja hay que tomarlo à la minute, es decir, servirlo y consumirlo ipso facto; de no ser así, todas las propiedades se esfumaban como por arte de magia. Quizás las madres no sabían todavía que hay otras verduras y frutas como el kiwi o la fresas que tienen mucha más vitamina C que la naranja e igual nos hubiran resultado más atractivas.
¿Y tu madre decía algo parecido?
¿Recuerdas haber escuchado alguna de estas frases en boca de tu madre? ¿Tenía ella alguna otra que te repetía de niño y que te gustaría compartir? Y ahora de madre... ¿recurres a ellas y se las dices a tu hijos? Cuéntanos en los comentarios.