Alimentos que llevan cerdo sin que lo sepas y cómo identificar sus derivados ocultos

En nuestra vida cotidiana, consumimos una amplia variedad de alimentos sin ser plenamente conscientes de todos los ingredientes que los componen. Todos hemos escuchado alguna vez hablar del azúcar oculto. Ese que aparece camuflado en productos insospechados como la salsa de soja, el pan de molde o incluso embutidos. Azúcar donde nadie lo esperaba. Pues bien, con el cerdo pasa algo parecido. Existen alimentos que, aunque no tengan apariencia ni sabor de carne, esconden en su lista de ingredientes algún derivado del cerdo: grasas, caldos, gelatinas, aromas o potenciadores. Y no son pocos. Veamos entonces cuáles son esos productos que, a simple vista, no parecen contener cerdo ni sus derivados, pero que en realidad sí lo hacen. Si estás evitando el cerdo por motivos religiosos, éticos o de salud, merece la pena revisar dos veces la etiqueta antes de darlo por seguro.
Bollería tradicional
La bollería tradicional suele elaborarse en su base con: harina, azúcar, huevo y mantequilla. Pero lar realidad es que no siempre es así. En recetas tradicionales, como las auténticas ensaimadas mallorquinas, la clave está en la manteca de cerdo. De hecho, su propio nombre viene de "saïm", que en mallorquín significa manteca. Y aunque la bollería moderna suele usar mantequilla o margarinas vegetales, todavía es habitual encontrar croissants, hojaldres y empanadas elaborados con grasa de cerdo para conseguir una textura crujiente y un sabor más intenso. ¿El problema? Que muchas veces ni siquiera aparece como "manteca de cerdo" en la etiqueta, sino como “grasa animal.
Chucherías, gominolas, postres y lácteos con gelatina
Aquí sí que el cerdo va completamente de incógnito. La gelatina, omnipresente en chucherías como gominolas, esponjitas y caramelos masticables, suele proceder del colágeno extraído de piel y huesos de cerdo. Lo mismo pasa con algunos postres lácteos (natillas, yogures cremosos) y coberturas brillantes de tartas o pasteles. ¿Alternativas? Existen (agar-agar, pectinas), pero no son lo habitual. Si la etiqueta dice simplemente "gelatina" y no aclara su origen, es bastante probable que venga del cerdo.
Ciertos snacks, aperitivos y fritos
Patatas fritas sabor barbacoa. Gusanitos de sabores ahumados. Palitos salados con gusto a queso. ¿Qué tienen en común? Que en más casos de los que imaginas, usan aromas artificiales derivados del cerdo, grasas animales para freír o incluso extractos de tocino en polvo para darle ese punto adictivo que pide otro bocado. Si en la etiqueta lees "aroma", "saborizante" o "potenciador" y no se detalla origen, es bastante probable que provenga del cerdo.
Productos cárnicos procesados
Esto suena obvio: si compro chorizo o jamón serrano, ya sé que hay cerdo. Pero lo curioso está en los fiambres "de pavo", "de pollo" o incluso "vegetales" que, en ocasiones, incorporan grasas, gelatinas o aromas de cerdo para dar jugosidad y textura. Es decir, aunque el 80% del producto sea pavo, el toque final que lo hace atractivo puede estar aportado por un derivado porcino. De nuevo, toca leer etiquetas con lupa: “proteínas animales”, “grasas animales”, “gelatina”...
Ciertas salsas, caldos y sopas industriales
Numerosas salsas industriales contienen potenciadores de sabor que derivan de extractos de cerdo. Estos aditivos realzan el sabor umami de los productos y se utilizan en caldos, sopas y salsas preparadas. Es esencial revisar las etiquetas de estos productos para identificar la presencia de ingredientes como "extracto de carne" o "caldo de cerdo".
Algunos nems y samosas de "gamba"
La gamba suele ser más cara que el cerdo. Por eso, aunque no siempre, en muchos casos algunos productos asiáticos como los nems o las samosas etiquetados como "de gamba" no llevan únicamente este ingrediente. Su relleno suele completarse con verduras y, en ocasiones, carne picada de cerdo. Lo mejor es leer la etiqueta o preguntar al vendedor para asegurarse.
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